Vas preso por detenido

Ya puestos a economizar, pues economicemos hasta el pensamiento.

Los 20 años bajo el régimen de los sátrapas en Venezuela han dejado huellas profundas en el actuar y en el pensar. La revolución fue diseñada y dirigida para avallasar a los contrarios y a disminuir la capacidad de acción.

Entre muchas cosas nos va volviendo perezosos para pensar. Y no hay nada más fácil para eso que ponerle etiquetas a la gente.

“Tu piensas así porque eres un escuálido” escuché muchas veces como argumentación. Allí donde te ponen una etiqueta parece que la etiqueta habla por tí, y ya no hay más nada que decir.

Si eres venezolano ¿en qué piensas cuando ves esta imagen?

¿Cuántas de las palabras que vinieron a tu mente no fueron sino etiquetas fáciles? En la foto no pasa nada extraordinario, pero la animadversión y la rabia se apodera de nosotros, y los juicios y etiquetas fáciles vienen a nosotros y no nos animan a pensar mas allá.

Mientras escribo esto me he enterado de que Gualberto Ibarreto fue vetado de una actuación en las Islas Canarias al parecer “por ser cercano al régimen”. Noticia aquí. Otra etiqueta más, otra forma de ser simplista.

Tenemos que aprender muchas cosas, pero una de ellas es que ese “simplismo”, esa manía etiquetológica fue la que nos trajo a esta tragedia. Tenemos 20 años en el nivel mas bajo del pensamiento, donde se tomaban decisiones por razones banales. Decía Maduro, “Lorenzo Mendoza es un pelucón”, o “Ivan Duque es un sifrinito”. Como si el hecho de ser “pelucón” o “sifrino” fuera razón suficiente para nada.

Chávez promovía a sus secuaces porque eran “verdaderos revolucionarios”, y a su entender, eso era lo suficientemente válido para nombrar a alguien Presidente de PDVSA, o a dirigir algún ministerio. ¿Qué credenciales tenía Eliecer Otaiza para dirigir el INCE? Por ejemplo (hay miles de esos ejemplos). La única credencial que ha necesitado el régimen en estos 20 años ha sido la etiqueta “revolucionario”.

Después del paro petrolero, el régimen le encomendó a uno de esos aliados, el control del personal que ingresaba a las instalaciones de PDVSA. La recordada Lina Ron. Este personaje de nuestra historia reciente era una etiquetadora rápida y efectiva, por eso resultó tan útil al objetivo. En una oportunidad la señora Ron llegó con sus seguidores a las instalaciones de la UCV a detener una marcha que de allí salía (la marcha de las antorchas nota AQUÍ). Lina decía gritando “ustedes no tienen derecho a estar aquí porque la Universidad es libre”. ¿Ve usted el contrasentido o son cosas mías? La etiqueta no te deja pensar, no te permite argumentar.

Etiquetar al otro nos impide aprender de él. Nos divide y nos impide cooperar y trabajar por objetivos compartidos.

Esta simplificación no es exclusiva de los seguidores del gobierno. Ni mucho menos. Abunda también en los opositores. Hace pocos días una persona a la que admiro, la caricaturista Rayma Suprani, hizo una caricatura que desató polémica en las redes sociales. Una de las personas que la criticó fue el señor Elias Pino Iturrieta. No juzgo el fondo del asunto de la caricatura, pero la respuesta de Rayma fue “eres una vieja chismosa”. Otra etiqueta que zanja la discusión y nos impide llegar a acuerdos. Estas etiquetas simplistas impiden que sigamos pensando. Para qué pensar lo que me dice el otro si es “una vieja chismosa” ?

Si como todos esperamos cae la dictadura y volvemos a ser democráticos, ¿comenzaremos a aprender a hablarnos y escucharnos o nos va a quedar la el hábito etiquetológico?

Por cierto, revolución significa cambiar las cosas. En ese sentido los agentes de cambio somos “revolucionarios”.


“Vas preso por detenido” es una expresión que escuché alguna vez decir a un policía, es reflejo del mismo tipo de NO pensamiento. No necesito explicarte por qué vas preso, ya te puse la etiqueta de DETENIDO.

Ricardo Ranalli

Psicólogo. Facilitador de procesos de aprendizaje. Diseñador instruccional. Risoterapeuta. Editor de la página web www.losagentesdecambio.com CEO de www.aprendeycambia.net

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