¿Por qué hablamos mal de los demás?

Nosotros los latinoamericanos tenemos influencia genética de diversas culturas, entre ellas, las más importantes son: las culturas prehispánicas, las culturas africanas y, sobre todo, la cultura mediterránea.

Esto ha generado rasgos culturales autóctonos en los diversos países del área, con sus diversidades propias de los porcentajes de influencia de cada una de estas culturas.

Sin embargo, hay algunos rasgos comunes positivos y algunos otros muy negativos y destructivos, que para mí, son causa de estancamiento en niveles de desarrollo. Uno de estos rasgos destructivos es el que da nombre a este artículo.

¿Por qué hablamos mal de los demás? ¿Por qué nos cuesta tanto practicar la “edificación”, es decir, el hablar bien de los ausentes, el hacer comentarios positivos de los que no están en la conversación? ¿Por qué ese afán de destruir la reputación de los demás con comentarios que a veces son sin fundamento y muchas veces son incluso falsos o por lo menos inciertos? ¿Por qué ese deseo tan grande, ese placer enorme, de chismear, charlar, chismorrear (o como sea que le digan) en donde alguien ausente siempre sale herido?

Intentaré explicar lo que, para mí, es la causa principal de este delito de lesa humanidad. Resulta que en nuestra Cultura (esa de la cual hablábamos al principio) está mal visto que alguien se auto-alabe, que alguien venga a hablarnos bien de sí mismo; de hecho, en nuestras sociedades existe un arsenal de dichos y refranes a la disposición para atajar esos intentos: “Ayyy… alábate pollo que mañana te guisan!”, “Humm… el que de algo se ufana, de eso carece!”, etc.   Conversación

Es decir que nadie puede intervenir en una conversación para hablar bien de sí mismo o para auto-proclamar una cualidad que cree tener porque inmediatamente genera suspicacias y sospechas en el resto del grupo acerca de sus intenciones.

Entonces… ¿cómo hacer para decirle a los demás que yo soy así, que yo tengo tal cualidad, que yo soy mejor en algo que otro, sin encontrarme con esa barrera cultural de contención?. Sencillo: Digo lo contrario de alguien más, es decir, a manera de chisme, hablo mal de otra persona (generalmente ausente); Por ejemplo, si yo quiero decir que soy honesto, simplemente digo que fulano es un ladrón, si quiero decir que soy puntual, digo que otro es impuntual, y así sucesivamente.

Ese proceder genera una balacera cruzada, acaba con reputaciones, mal-dispone a otros ante un grupo, ante compañeros de trabajo, etc. Ese “sistema” de descrédito es usado constantemente en nuestros países por políticos ante sus posibles votantes, por un aspirante a un ascenso en el trabajo ante un posible competidor por ese puesto, etc, etc.

Resumiendo, hablamos mal de los demás, sin interesarnos por las consecuencias, simplemente porque no encontramos ninguna otra forma de comunicar nuestras aptitudes y capacidades.

Por eso es que los líderes de las organizaciones tienen que propiciar las reuniones francas y sinceras en las cuales cada quien se sienta libre de decir lo que quiera de sí mismo sin que los otros vayan a malinterpretar sus palabras. Eso es algo que tenemos que propiciar, fomentar y monitorear constantemente entre los compañeros de trabajo para que en nuestras empresas se acabe el destructivo chisme, el hablar mal de los demás y florezca la edificación y la gratitud entre los miembros de los equipos de trabajo y aumente exponencialmente la productividad.

Este post fue originalmente publicado en https://quicosalazar.wordpress.com/2015/01/31/por-que-hablamos-mal-de-los-demas/

Francisco "Quico" Salazar

Empresario, Conferencista, Asesor Gerencial y Life-Coach

Un comentario sobre “¿Por qué hablamos mal de los demás?

  • el 06/04/2018 a las 11:07 am
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    Yo hablo mal de aquellos que hacen las cosas mal señor Francisco. Por ejemplo el otro día fui a un banco, esperé mi turno como corresponde, y cuando logro que la señora me atienda, en vez de prestarme atención le prestaba atención a todo el que llegaba y le traía documentos… eso me parece mal y se lo dije, y hablo mas de ella, y eso no es por alabarme yo, es porque me molesta su maltrato.

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