Inteligencia Social como Clave de Éxito

En este momento donde la mayoría de las interacciones tienen tendencia al uso de las tecnologías para relacionarnos y ejercer nuestros roles en la sociedad, es clave observar nuestro comportamiento para perfeccionar nuestra capacidad de entender los patrones de interacción social, nuestra capacidad de creación e innovación y nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás.

La Inteligencia Social fue introducida por el Psicólogo Howard Gardner en su teoría de las Inteligencias Múltiples, el descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás. La inteligencia Social destaca por ciertas habilidades observadas que incluye, tales como: conciencia situacional, presencia, autenticidad, claridad y empatía. En tal sentido, se puede inferir que por las cualidades antes descritas las personas pueden sentirse atraídas por las personas con un nivel de inteligencia social elevado.

Entre las características de las personas con inteligencia social destacan: habilidad para valorar y hacer sentir al otro valorado, amado, apreciado, aceptado y respetado. Lo anterior permite que las personas se sientan cómodas, felices y valoradas.

Las interacciones sociales juegan un rol protagónico en un contexto de reglas de comportamiento establecidas, de patrones subyacentes y decisiones inconscientes, que tienen estrecha relación con la capacidad de relacionarse de una persona con el mismo y con los demás.

En el momento que tus acciones no te permitan tener un resultado esperado en cuanto a tu forma de relacionarte socialmente, es necesario revisar haciéndonos las siguientes preguntas:

  1. ¿En mi agenda solo tengo acciones y compromisos alineados a mis propios intereses y necesidades?
  2. ¿Qué tanto me cuesta percibir los intereses o necesidades del otro?
  3. ¿Tengo dificultad o me cuesta trabajo que otros interactúen y cooperen contigo?

Una vez terminado este análisis, la pregunta sería: ¿Cómo me siento con estos resultados obtenidos?. Y en caso de no estar satisfecho entonces, te invito a que incorpores acciones distintas que te permitan desarrollar en ti, La Inteligencia Social. Es clave hacernos Conscientes de ello para poder generar acciones que nos conduzcan al éxito en todos los ámbitos de nuestra vida. En algunos casos esta inteligencia es natural, sin embargo cuando no la tengas o la necesites fortalecer, puedes decidir crear hábitos que te permitan incorporarla o desarrollarla, y al momento de aplicarla no es un proceso fácil.

El psicólogo Edward Thorndike definió, por vez primera, a la inteligencia social como:

la capacidad de comprender y manejar a los hombres y las mujeres», habilidades
que todos necesitamos para aprender a vivir en el mundo

Más que desarrollar una iniciativa para desarrollar tu habilidad social para influir en el mercado al momento de determinarte a tener éxito, es desarrollar en ti una capacidad de liderazgo de influencia, que inspira, que trabaja en equipo, que planifica su éxito, con apertura a las estrategias que beneficien a la sociedad, que cree consenso.

Daniel Goleman, describió el cerebro social:

El cerebro social consiste en el conjunto de los mecanismos neuronales que orquestan nuestras interacciones la suma de nuestros pensamientos y sentimientos sobre las personas y nuestras relaciones. Los datos más novedosos
y reveladores al respecto indican que el cerebro social tal vez sea el único sistema biológico de nuestro cuerpo que nos conecta con los demás y se ve, a su vez, influido por su estado interno.15 Como sucede con otros sistemas
biológicos, desde las glándulas linfáticas hasta el bazo, regulan su actividad en respuesta a señales que emergen dentro de nuestro cuerpo y no van más allá de nuestra piel. En este sentido, la sensibilidad general de los senderos neuronales de nuestro cerebro es realmente excepcional. Es por ello que, cada vez que nos relacionamos cara a cara (o voz a voz o piel a piel) con alguien, nuestro cerebro social también se conecta con el suyo.

La clave del éxito está las personas, en el conocimiento, en la calidad de las relaciones humanas. No en la tecnología; usted puede contar con tecnología de punta, pero si las relaciones entre sus empleados, incluyendo a sus clientes, incluso si te pierdes en la relación contigo mismo corres el riesgo de perderte. Las relaciones interpersonales poseen un impacto biológico de largo alcance porque afectan a las hormonas que regulan tanto nuestro corazón como nuestro sistema inmunológico, de modo que las buenas relaciones interpersonales actúan como las vitaminas.

La aptitud social permite establecer interacciones efectivas que permiten a una persona lograr el éxito, ya que toma en cuenta las necesidades de los demás y actúa en consecuencia. No es suficiente tener conciencia social, es decir percibir cómo se sienta otra persona o saber lo que piensa o cuál es su intención sino que es necesario aprender a construir interacciones fluidas y eficaces. Las personas aprenden a presentarse, a ejercer influencia sobre otros y a preocuparse por las necesidades de los demás y actuar en consecuencia. Las personas que saben presentarse suelen tener carisma y un don de expresividad que atrae a los demás. Las personas que saben cómo ejercer influencia son capaces de hacer que la gente les obedezca, cómo resolver, hasta cómo evitar un conflicto, cómo lograr cosas extraordinarias trabajando con y por los demás.

Karl Albrecht define a la Inteligencia Social (IS), la nueva ciencia del éxito:

la capacidad para llevarse bien con los demás y conseguir que cooperen con nosotros

Propone cinco dimensiones, o categorías de competencia, diferenciadas:

  1. Consciencia Situacional. Podemos pensar en esta dimensión como en una especie de «radar social», o la capacidad para leer situaciones e interpretar los comportamientos de la gente en esas situaciones, en términos de posibles intenciones, estados de ánimo y proclividad a interactuar.

  2. Presencia. Conocida a menudo como «porte», la presencia incorpora un abanico de patrones verbales y no verbales, la propia apariencia, la postura, la calidad de voz, los movimientos sutiles… Todo un repertorio de señales que los demás procesan en una impresión evaluativa de una persona.

  3. Autenticidad. Los radares sociales de la gente a menudo captan numerosas señales de nuestro comportamiento que las conducen a juzgarnos como honestos, abiertos, éticos, fiables y bienintencionados… o inauténticos.

  4.  Claridad. Nuestra capacidad para expresarnos, ilustrar ideas, transmitir datos con claridad vista y cursos propuestos de acción facilita que los demás cooperen con nosotros.

  5. Empatía. Yendo un poco más allá de la connotación habitual de identificarse con alguien o «simpatizar» con él, nosotros definimos la empatía como un sentimiento compartido entre dos personas. Según esta connotación, consideraremos la empatía un estado de conexión con otra persona, que genera la base para la interacción positiva y la cooperación.

     

    Dra. Pierina Fernández –  WhatsApp: (58) 412 096 64 05  – Correo: pierinamff@gmail.com

    Instagram y Twitter: @pierinamff

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    BIBLIOGRAFIA

    Albrecht, Karl, Inteligencia Social, Javier Vergara Editor, Barcelona España. 2006

    Buzan, Tony, El Poder de la Inteligencia Social, Ediciones Urano, España. 2003

    Goleman, Daniel, Inteligencia Social, Ed. Planeta, México, 2006

    Mercader, Víctor, La gerencia de la vida, Principios, Venezuela, 1998.

 

 

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