#HistoriasDeLaVía Entre el maquillaje y los apretones: Despertarse

Abrir los ojos cada mañana trae consigo un reto distinto y más si había una cita por cumplir.  En algún momento había perdido la noción de con cuánto tiempo de antelación debía salir de casa para llegar puntualmente a los lugares pautados.  El paso de los meses, trajo consigo no solo el avance del año 2018, sino el deterioro del sistema de transporte urbano en Caracas y por lo que leía, de todo el país. Ante esta situación, siempre salí con buen ánimo.

A  pocas cuadras, en el sector donde vivo en Caracas, no hay parada señalada, a veces, los chóferes se paran donde le sacas la mano, otras no,  así que mejor llegar hasta donde de manera informal se agrupaba un puñado de personas, extrañamente la gente elige como “parada” justo el lugar de una larga acera en donde está la salida de un estacionamiento, que de paso hace  esquina.  Pasa una, otra y otra camioneta, las personas van guindadas literalmente en la puerta, el avance – cobrador que ayuda al chófer –  grita: – ¡¡échense pa tras, vamos a colaborar!!–  en las caras de la gente se ve la molestia por la solicitud, siempre hay uno que le grita: –¡¡Mételos en el segundo piso!!– , aún así pues, otro pequeño grupo de pasajeros logra subir, los más arriesgados, se quedan en la puerta, con sus cuerpos más afuera que adentro.  Cuando tenía que cumplir una cita, con horario establecido, esta escena era un poco estresante, aún así, sabía que yo, iba a poder resolver, pues, había salido con suficiente tiempo de antelación – Eso creía saberlo, hasta que un día salí y  el Metro de Caracas había colapsado, pero eso es otra historia – Muy distinto era cuando, mis actividades estaban marcadas por mi propio horario, pues, sencillamente esperaba aún con más paciencia y por lo general y de vez en cuando lograba entrar en una camioneta con un puesto y lograr mi viaje sentada.  Ese día no tenía apuro.  Puede ir sentada a mi destino. Esa vez me tocó ir al lado de María – nombre ficticio-, rubor  en mano, delineador, rímel, pintura de labios, quedó lista en un parpadeo.  No recuerdo cómo empezó la conversación, solo sé que en pocos minutos, ella, me contaba el poco tiempo que tenía para atender a su familia. Su hijo requería unos ejercicios especiales para superar una pequeña dificultad motora, ella sabía cómo realizarlos, pero no daba con la oportunidad de hacérselos, estaba cansada del trabajo donde estaba en estos momentos, pero era el trabajo, o comer, o vivir, pero, debía continuar allí para mantener a su familia. Estaba algo cansada de todo aquello, aún así, en contra parte, parece que había otra oportunidad de empleo que le estaban ofreciendo, y le pregunté: – ¿Por qué no tomas esa otra oportunidad laboral?- Pregunté para saber no para instarla a tomar una decisión en la cual a mi no me tocaba intervenir, sino, simple curiosidad.  No supo que contestar; Realicé otra pregunta: – ¿Confías en ti, en lo que sabes hacer, amas a tu hijo y el tiempo que pasas con él y el tiempo que él te necesita? -. Allí si un poco más personal la pregunta, pero no usé ninguna palabra o concepto que ella no hubiere mencionado antes, no dije nada más, sólo pregunté eso, y como si hubiere abierto una puerta, ella,  se inspiró y me dijo, que iba a confiar en Jesucristo – porque es cristiana, me indicó – que sí,  amaba a su hijo y que era una mujer muy bien entrenada para hacer lo que hubiere que hacer en cualquier situación, no dijo si si o si no, en realidad, no era para mí un tema que ella estuviese conversando realmente conmigo, creo que se estaba escuchando y viendo al tiempo, las necesidades de su hijo las cuales sólo ella sabía resolver y atender. ¿Cuánto duró la conversación? No lo sé, quizás menos de media hora, sé que llegamos a la estación del Metro Capitolio, y apuradita, azorada nos despedimos deseándonos buena suerte  y así desapareció entre la aglomeración de pasajeros.

Mayerling Vera M

Directora de la Asociación Civil Llamado a la Conciencia Vial. Promotora comunitaria de RadioComunidad.com. Motivadora e impulsadora en materia de seguridad vial desde el punto de vista vivencial – emocional.

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